¡Polonia, Ucrania, Rumania! gritan los “product managers” de las multinacionales. Es una apuesta segura que nos permitirá reducir los costes salariales de nuestras compañías. ¡Hay que explotar estos nuevos mercados! ¡Hay que aprovechar la coyuntura que nos ofrece nuestra magnífica Unión (Europea)!. Los números no fallan. Si trasladamos parte de nuestra producción a estos países podremos aprovecharnos de sus leyes y de la escasa protección que conceden a sus trabajadores. ¡Salarios convenio a precios de hace veinte años por el mismo trabajo!. Pero es tan sencillo, se preguntan los gerentes y accionistas que llenan la sala de reuniones ante los ojos eléctricos y los rostros excitados de los ideólogos. Daros cuenta, ¡tenemos las puertas del mercado abiertas y la economía de estos estados a nuestros pies!. ¡Rentabilidad segura!. Únicamente tenemos que acercarnos hasta allí porque nos están esperando con los brazos abiertos. Somos su futuro, su pan. Asaltan las dudas y los presentes comienzan a debatir, imaginar, proyectar y visualizar la idea que se les expone. Más explicaciones. Lo tenemos todo. Abriremos filiales de nuestras Empresas de Trabajo Temporal para que nos provean de mano de obra a la que no tendremos que pagarle ni el salario mínimo que nos reclamarían los trabajadores de nuestro país. Y encima con contratos temporales, sin permitirles acumular antigüedad y haciendo las horas extras que sean precisas. ¡No es magnífico! ¡Qué más se puede pedir!. Además pensadlo, con nuestras ETT podremos enviarlos de un país a otro de la Unión según nos exija el mercado en cada momento. Y quién nos lo va a impedir, se preguntan retóricamente. No estamos incumpliendo ninguna ley, somos perfectamente legales. Los gobiernos nos han permitido crear estas magníficas organizaciones de empleados de usar y tirar para que podamos cubrir todas nuestras necesidades. ¡Temporal! Exclama uno de los artífices del proyecto. Grandiosa palabra. Necesitamos flexibilidad laboral y allí la vamos a saborear a nuestro antojo. Sus dirigentes están esperándonos con tacitas de plata para tomar el té. ¡Es el momento idóneo para adentrarse en estos nuevos feudos. Tenemos un amplísimo margen de maniobra y tenemos que aprovecharlo. Hasta nuestros fiscalistas estarán encantados, podrán compatibilizar su vida laboral y familiar porque les haremos parte del trabajo. No tendrán que romperse los cuernos en idear sendas legales para evadir impuestos: pagaremos menos “tax” jugando y cumpliendo con sus propias normas. ¡Todo un plan! No os parece, exclaman. Y además tienen que tener la tranquilidad moral de que nos lo agradecerán porque somos lo que necesitan, lo que están esperando. Nosotros llevaremos el poder de la economía a sus casas y los integraremos rápidamente en el estado del bienestar.
Txell.